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Reacción militar española. Se ocupa Nador y el monte Gurugú.

«Melilla 17, 8 noche. (Recibido con gran retraso.) Hoy es día de gloria para España. Hemos tomado Nador. Se han cogido cañones. Se han recuperado prisioneros. Se les ha castigado duramente. El espectáculo ha sido grandioso. Hoy hemos sentido la emoción de la guerra. De mañanita salieron dos columnas que esperaron en el Atalayón a que la Artillería y la escuadra de tierra cañonease los flancos y las alturas de Nador. Su acción fue eficacísima. A las nueve de la mañana empezó el avance. Los regulares iban en vanguardia. Los del Tercio, por el flanco. Nosotros seguíamos la operación desde las orillas de Mar Chica hasta en su menor detalle. Cuando los cañones han barrido el terreno, corre la Infantería al ataque, y va ganando loma por loma, caserío por caserío. A las doce entran los primeros soldados en las primeras casas de Nador, y entonces llega al galope la Caballería. A los moros que aún se resisten a salir de Nador les sorprende esta rapidísima irrupción. Se les ve huir en todas direcciones. La escuadrilla les corta la retirada, con certeros disparos, que les obliga a buscar rutas nuevas. Los soldados que ocupan las lomas de Nador, donde los moros tenían un cañón, se apoderaron de él, y con rapidez, con afán de revancha, vuelven el cañón y empiezan a dispararle contra el enemigo.
El entusiasmo es indescriptible. Los soldados entran cantando. Atruenan el espacio las sirenas de los barcos. En el poblado y en las lomas ondea la bandera española.
La operación, muy feliz, ha sido dirigida Personalmente por el alto comisario, desde el Atalayón donde estaban también Cavalcanti y todo el cuartel general. Del acierto, son pruebas las pocas bajas; menos que cuesta llevar un convoy, la precisión, el encaje de las tropas, que se han movido como si se tratara de una maniobra militar sin enemigo; un supuesto táctico delante de 3.000 moros.
Una preciosidad. Nadie se sorprenda al oírnos llamar preciosidad a una acción de guerra, que nada hay tan bonito como la guerra cuando el jefe sabe mandar y el soldado combatir. Y hoy, jefes y soldados, por igual, han hecho de la toma de Nador un espectáculo bonito. No hay nada que pueda comparársele en grandeza y emoción. Comprenderéis que nada hay más interesante que ver en peligro a miles de hombres y seguir paso a paso sus movimientos, sus luchas, sus entusiasmos y sus dolores. ¡Oh, el dolor de la guerra! ¡Qué inmenso, y qué alegre es!
A las doce entraban las tropas en Nador. Inmediatamente desembarcamos nosotros. Nuestro paso por Nador fue de una gran emoción; era recorrer los lugares de que tanto hemos hablado: la fábrica de harinas, la iglesia, los lugares de incendio, de prisión y de martirio. Tuvimos un momento de alegría extraordinaria cuando encontramos a nueve prisioneros que estaban ocultos en un, aljibe y que salieron al oír a las tropas españolas.
... Tuvimos en este día la Impresión más fuerte y trágica que nos dio la guerra.
Por las calles se veían cadáveres moros en actitudes siniestras, como les alcanzó la metralla de los cañones. Nador está destrozado, incendiado; tienen olor de cadáver y de incendio. Lo más respetado ha sido la iglesia, edificio en que las imágenes y todo lo referente al culto ha sido destruido.
Lo más ametrallado y ruinoso es la fábrica de harinas. Se ve en ella la tragedia de la gente allí refugiada.
Aún están los cadáveres sin enterrar, muchos de ellos carbonizados por el incendio. Nador es la ciudad muerta, deshabitada. De sus casas quedan las paredes, y de su actividad, los rótulos en las esquinas de las calles y las puertas, de las que fueron tiendas. Quincalla y paquetería, sucursal de don Marcelo Nogales; La Sevillana, restaurante; el Casino, del que no queda más que la mesa de billar. Allí encontramos un documento que dice: «Inventario de enseres propiedad de doña Tomasa Vigil», fechado en 22 de setiembre de 1919. Escuela árabe española para indígenas, 1912. Salón Reina Victoria Eugenia... Letreros de una vida pasada, que hoy parecen epitafios. Cada casa es el sepulcro de una familia. En la habitación que en la Iglesia destinaron a cárcel de oficiales prisioneros, encontramos algún libro y gorros de cuartel. Hay 70 cadáveres insepultos, y para evitar contagios, la Sanidad, que entró en vanguardia, se dispone a enterrarlos, cegar pozos de aguas contaminosas y abrir otros nuevos. Como los soldados llegaban sedientos se pusieron letreros advirtiendo el peligro y prohibiendo beber. A la hora en que nos retiramos entra en Nador el alto comisario. Son las cuatro de la tarde, y regresamos a Melilla a telegrafiar con urgencia y precipitación, para ver si logramos difundir lo más pronto posible la grata noticia por toda España. La crónica es incompleta; pero el tiempo, apremia, y no queremos aplazarla. Ampliaremos. Corrochano.

Detalles episodios de la toma de Nadon

Melilla 19, 10 noche. Hace unas noches comíamos con el general Sanjurjo, cuando se nos acercó el capitán de Ingenieros Eduardo Ródenas, que acababa de llegar de España.
Traigo este encargo para usted me dijo, y entregóme un cigarro habano gigantesco.
El voluminoso cigarro fue la admiración del comedor. Ródenas hizo algunas aclaraciones necesarias; explicó el significado del encargo.
Este cigarro se lo echaron a Sánchez Mejías en una faena valiente, y el torero se lo envía como prenda de su éxito, ya que no tuvo la fortuna de verla.
Sanjurjo celebró la ocurrencia, y yo, para darle el cigarro dije: «Es para usted, que es el Sánchez Mejías de los generales.»
Le acepto replicó el general . Échemelo usted el día que vayamos a Nador, si cree que lo merezco.
Ayer fuimos a Nador. El general Sanjurjo mandaba las fuerzas de vanguardia. La parte penosa, el peligro, el choque, el tantear qué fondo de enemigo, se presentaba, le estaba encomendado. Su pericia, bravura, le dieron la victoria. Cuando, le encontramos en una calle de Nador, nos gritó.
¡El puro! ¿Me he ganado el puro?
Mi general le contestamos , le creíamos preocupado con el enemigo.
Pues no, señor. Pregúnteselo a Martín nos dijo, señalando al capitán de Artillería, su ayudante . He venido preocupado con el puro, pues ganarme el puro como buen torero era tanto como quedar bien como general.
Pues aquí está el puro. Nos abrazamos.
El ayudante, Martín, añadió:
Desde el Atalayón vengo devolviendo sombreros, como peón de brega; bien hemos quedado.
Y partieron satisfechos al galope de sus caballos a inspeccionar, a dar órdenes que robustecieron el triunfo. Este general Sanjurjo es un niño modesto y bueno, valiente por temperamento, que da una batalla y todo su afán es merecer de un amigo el cigarro ofrecido en una sobremesa. Por eso le adoramos todos.

Nador es una pequeña población rectilínea. Es un rectángulo dividido en calles paralelas a los lados. Las calles son muy amplias y las casas de un solo piso, lo que hace más amplias y espaciosas las vías. Un pueblecito nuevo y europeo, a la orilla del mar. Podría ser el San Sebastián del Rif. Los moros, que tienen odio, a luz aunque adoran al sol, se esconden de él; han destruido Nador. Mes y medio, en su poder ha bastado para hacerlo inmundo, y hoy tiene hedor y suciedad de cabila. Todo lo han destruido; pero observando un poco se advierte que han puesto gran complacencia en destruir las máquinas de coser. En cada casa había una máquina rota y algunas convertidas en cocinas. Confesamos que la máquina de coser fue lo que nos produjo más sensación de todo ajuar destruido. La máquina es lo que más caracteriza estos modestos hogares, es la nota laboriosa de la mujer honesta; es, de todas las máquinas, la que tiene más alma porque en ella pone sus más íntimos afanes la esposa, la madre; es el mueble más familiar de la casa. Acaso por eso el moro, con su fino instinto, pusiera goce y refinamiento en su destrucción. Corrochano.

ABC, 20 de setiembre de 1921, pág. 7.